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Ser empresario sin alma en el siglo XXI

El foco del ser empresario en el siglo XXI está mal. Cuando el afán del sistema económico es tener recursos para sostenerse, se crean toda una serie de tácticas para obtenerlos.

Sin importar si debe pasar por encima de cualquiera. Una de ellas es el convertir a toda personas en ser empresaria, con la promesa de vida buena, prestigio y comodidades.

Hoy, indistinto si se cuenta o no con la madurez suficiente para crear una empresa le acomodan el disfraz como se pueda, sin medir las consecuencias sobre la vida de la persona que personifica dicho rol.

Reduciendo el ser empresario a solo una cuestión de mercado y cifras

Para las entidades que dicen formar empresarios y apoyar la creación o fortalecimiento de las empresas es claro que no es posible salirse de la jerga del crecimiento: tracción, crecimiento en ventas, volumen de inversión recibida, tamaño del mercado, número de sucursales, volumen de unidades vendidas.

Rara vez uno escucha terminología más digna sobre la persona más importante del negocio: El empresario o gestor.

Como si mencionar la dignidad de la persona que dedica su tiempo, esfuerzo y su propio patrimonio para hacer de este mundo más llevadero con valores y principios no vendiera lo suficiente; eso para dichas entidades, consultores y asesores tal parece no genera el suficiente ruido para levantar inversión, construir una marca o ser interesante tanto para el sector público como el privado,

La realidad es otra... Hoy, las empresas de gran renombre, con altas cifras de facturación han caído en escándalos relacionados con su apetito insaciable de acaparar el mundo pasando por encima de sus clientes, estafando, sobornando, comprando personas con sus billetes. ¿Será entonces que es momento de darle la vuelta al significado del ser empresario?

Empresas por necesidad

Debido a nuevas dinámicas sociales, culturales y tecnológicas una diversidad de artes, oficios y profesiones sobre las cuales gran parte de la población se ocupaba han desaparecido. Tal es el caso de los domiciliarios que están siendo reeemplazados por drones, o empresas manufactureras de alimentos que apelan a la robótica para reemplazar fuerza laboral por máquinas que nunca se cansan y así disminuir sus costos.

Ante esta situación, vemos que existe un afán de los gobiernos en bucar que todo aquel que tiene un dominio técnico de algo se vuelva su propio jefe, o monte una empresa como una vía para disminuir la presión del paro laboral.

Lo malo no es que la gente se ocupe en lo que sabe; lo malo es si lo que saben y dominan las personas tendrá una demanda en el mercado lo suficientemente atractiva para crear una empresa o desempeñar una profesión como independiente.

Gran parte de esos pequeños emprendimientos nacen bajo la carestía y la precariedad. Muchos funcionan bajo el clima de la informalidad como de la ilegalidad. Una actividad limitada a la capacidad de tiempo, energía y educación del gestor para generar prospectos, clientes, administrar el dinero y asegurar las operaciones.

Ilegalidad e informalidad una cultura de negocios

Pasa de generación en generación, fomentando así muchas prácticas poco sanas para la administración de las empresas:

  • Operar sobre deuda
  • Generación de empleos no decentes para empleados
  • Entrega de productos que no cumplen con las mínimas exigencias de calidad y seguridad para los clientes,
  • Desconocimiento o vivir del hacerle conejo a los aspectos operacionales, legales y ambientales
  • Baja adopción de tecnología
  • Nula innovación.

Esa es la realidad de grandes ciudades de nuestra América Latina: actividades económicas para el rebusque, no de empresas dignas...

Empresas por oportunidad

Por otro lado, otro grupo de población privilegiada también decide meterse el cuento del ser empresario y generar grandes sumas de capital.

En esta categoría caben las famosas empresas unicornio, aquellas con valuaciones astronómicas que permiten la entrada de grandes sumas de inversión real, futura o ficticia.

El peligro de este tipo de empresas es que muchas nacen con vacíos en materia legal.

Otras terminan siendo una fuente de estafas para inversionistas, debido a grandes promesas de altos retornos o productos milagro que humanamente no se pueden cumplir.

Tal es el caso de Theranos, la empresa que vendió humo con sus dispositivos médicos para toma y análisis de sangre poniendo en peligro la vida de cientos de pacientes que necesitaban un diagnóstico clínico).

¿Hasta dónde llega el límite de los escrúpulos de los emprendedores para tener el famoso éxito y estrellato?

Empresarios de plata y éxito, pero sin alma

Tipología de personas que sin pudor, necesidad de estómago y su idolatría al éxito, terminan uniformados con el ser empresario.

Ojo, no quiere decir que todo el mundo sea así...

Pero, en la actualidad, son más las personas que por la presión social terminan vendiendo su alma al diablo.

Terminan violentando los principios del no robar, no mentir, no endeudarse, no acumular y  nunca abusar de sus empleados.

Hoy los empresarios roban

No pagando salarios justos a sus empleados, reteniendo el dinero para ajustar para pagar otras deudas del negocio.

También roban cuando se quedan con lo que le corresponde al estado en materia de impuestos adoptando doble contabilidad.

Dinero ilícito, como fácil llega, fácil se va.

Los empresarios roban a sus clientes cuando los productos que ofrecen no entregan los beneficios prometidos, cuando adulteran o falsifican.

Violentar el principio del no acumular y el no endeudarse

Los empresarios del siglo XXI viven en el riesgo de la deuda porque la capacidad adquisitiva del dinero es menor.

De manera recurrente necesitan buscar más dinero para sostener sus operaciones. Conozco empresas que tienen en promedio 17 préstamos con diferentes condiciones, incluso con ilegales.

Las empresas se acostumbraron al arte de acumular, olvidando que tienen una responsabilidad con su entorno. Por eso se llevan su dinero a paraísos fiscales.

No he visto el primer avaro que disfruta sus riquezas cuando la muerte llega.

Una posible solución

Las personas en el siglo XXI están pasando por una crisis de espíritu, identidad y propósito.

Es responsabilidad de todos los que acompañamos a empresarios el enseñar los conceptos de honradez, el servicio y la prosperidad.

Necesitamos dinero, pero también inspiraciones morales y sociales. No hay derecho que una generación llena de estudios, nuevas tecnologías, avances científicos siga con un planeta destruido. ¿Será mucho pedir que el ser empresario tenga un poquito de humanidad y se mezclen con negocios éticos?

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