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¿Qué tienes tú para ofrecerme a mí?

ayuda a los demásEstá claro que todas las personas vienen a este mundo a dar algo, así sea mucho o poco tienen esa misión de carácter humano. Sin embargo son pocas las personas que reflexionan sobre el valor de lo que entregan. Desde una palabra, una ofensa, dinero, afecto, consideración, amor, odio, rencor, apoyo. Todo en esta vida tiene un valor el cual está medido por el grado de impacto en las personas a las cuales afecta.

En los negocios pasa lo mismo. No es raro escuchar en la jerga empresarial las palabras asociatividad, trabajo en equipo, alianzas estratégicas, sociedad, relación de socios y todo lo que signifique trabajar con otros. Todos hablan y balbucean sobre estas ideas, pero, si analizamos más allá del asunto, tienen connotaciones bastante delicadas al momento de ponerlas en práctica.

La importancia de la asociatividad en los negocios

En un siglo XXI marcado por la soledad, el individualismo, la construcción  primero del yo y luego del nosotros vale la pena evaluar de nuevo si estos conceptos son los mismos, si han pasado por  una transformación que bajo mi consideración son inevitables.

Recuerdo que mi abuelo decía que la palabra era oro, que lo que se afirmaba se cumplía. Hoy la palabra es obligatoria en función de lo que se afirme refrendado en un papel elaborado por el amigo abogado o notario para poder cumplir. En resumen las relaciones del siglo XXI no se crean en función del honor sino de la desconfianza y del juzgar al otro bajo la presunción de mala fe.

Anteriormente se buscaba a potenciales socios no por el volumen de su chequera sino por la afinidad en principios y valores. Hoy la cosa es distinta; eres buen socio si tienes contactos, dinero e influencias, dejando a un lado condiciones tan importantes como el no engañar, cumplir  lo prometido y ser ético en las actuaciones que como empresarios debemos emprender para ser un ejemplo para la sociedad.  Siento vergüenza al leer los periódicos cuando escucho que "X" empresa hizo publicidad engañosa para vender sus productos,  realizó operaciones fraudulentas en el mercado financiero o que hizo pacto con la competencia para encarecer artificialmente los precios de bienes y servicios para satisfacer su apetito voraz e insaciable por unos cuantos billetes.

¿Qué tienes tú entonces para ofrecerme a mí?

Debo ser reiterativo en esto: las entidades de fomento al emprendimiento en el mundo no están formando empresarios; están formando máquinas para hacer dinero cueste lo que cueste. No importa si pasamos por la libertad y los derechos de los demás, si acabamos el entorno, si ensuciamos en exceso, si acabamos con la vida misma, hay que hacer dinero porque según estas entidades eso es lo que deben hacer los empresarios.

Concepto más terrorífico y maligno que eso, desvirtuando la labor verdadera de un empresario: generar progreso.

Generar progreso no solo implica generar dinero el cual circula para facilitar el intercambio y las transacciones. Hay cosas que son vitales y que realmente diferencian del empresario del pseudo empresario:

  • Dan ejemplo y son un paradigma para la sociedad: Piense en el empresario que decide con sus acciones construir casas de bajo costo para el que no tiene la forma de acceder al mercado financiero y adquirir un lugar digno en el cual vivir. Piense también en aquella persona que sin importar todas las adversidades saca medicamentos para enfermedades de alto costo imposibles de pagar en los actuales sistemas de acceso a la salud en el mundo.
  • No abusan de los sistemas biológicos: Imagine aquellas empresas que usted dice adorar, si han actuado de forma ética en la ejecución de su modelo de negocio. Conozco empresas que acaparan el agua de poblaciones enteras para hacer bebidas. Otras llenan de basura electrónica a países pobres generando gravísimos problemas ambientales. ¿Usted se siente orgulloso (a) de comprarle a empresas que lo único que han hecho por siglos es ensuciar y acabar con las condiciones de vida?
  • No abusan de los sistemas humanos: No creo que usted se sienta feliz de adquirir productos y servicios obtenidos bajo métodos abusivos y de explotación sobre las poblaciones. Lamentablemente la esclavitud no ha terminado, y lo más peligroso:  ha mutado para pasar invisible ante de los ojos de todos. Hoy somos esclavos del mercado financiero, de una mala educación exclusiva para amaestrar el talento, de falsos trabajos en donde la gente es empresario independiente. Somos esclavos de las marcas, del consumismo, de las apariencias.

Si queremos asociatividad  y sociedades con un sentido claro hacia el progreso, trabajo en equipo y demás aspectos que dice la sociedad del siglo XXI necesitar para tener empresas fuertes hay que trabajar en lo que es importante: el valor de lo que queremos entregar a los demás. ¿Qué tienes tú para entregarme a mí?

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