Me niego a vivir sin un propósito de vida

El cuerpo vive pero el espíritu está flaco sin un propósito de vida. Al hombre le pasan cosas malas para entender que todo lo bueno sobre lo cual se quiere cimentar la vida es mundano, sin valor alguno; entendiendo al final que no se debe vivir para sí mismo, ni como uno quiere, sino, como Dios quiere. Hoy me niego a eso, deseo un propósito de vida.  En mi morada de enfermedad y oscuridad, conocí el vacío del no ser.

Tal vez los médicos que me atendieron con sus técnicas me salvaron la carne para seguir en este plano físico; pero, no lograron llenar el vacío que se experimenta al estar con la muerte y saber que todo lo vivido y lo que mucha gente me inculcó no importa y no vale.

Cuando el vacío va ganando la batalla.

En ese vacío y esa oscuridad que experimenté solo había dolor. Mi dolor, como también el dolor de muchos en este mundo que escondemos en un muro nuestras flaquezas para parecer fuertes en el mundo físico.
En ese lugar no valían lágrimas, lamentaciones o ruegos para calmar la angustia y la desesperación del no ser.
Dios me enseñó el vacío como una advertencia:
La justicia divina es implacable para los malos y también para los que dicen ser buenos. Esos buenos que tienen plagada su vida llena de hipocresía, falsa paz, falsa tranquilidad y falsa felicidad, olvidando a Dios como acompañante y centro de sus días.
Luego de regresar a mi cuerpo averiado, con dificultad para respirar, pasar tres meses en cirugías y tratamientos bastante delicados para salvar lo que queda de mí, el recordar ese vacío me atormenta.

¿Dónde estuvieron y dónde están los que decían ser mis amigos y colaboradores? ¿Dónde están los que decían admirarme en mis momentos de gloria y orgullo?

No hay nadie, Dios despeja el camino para hacerme entender que yo no merezco ni debo esperar algo de la gente de este mundo, pues al conocer el vacío, yo ya no hago parte de su mundo.
Dios me enseñó que los que decían admirarme solo me necesitaban y utilizaban para su beneficio personal, su vida común y mundana. Dios no quiere que siga intentando ser, estar y vivir en el mundo común y mundano.
Dios me invita a estar en otro mundo, con gente de otro mundo que vive distinto. Él me acoge, no me deja caer en vergüenza ni burla, protege mi vida, me fortalece y todo me lo entrega siguiendo camino recto, lleno de confianza.

Por eso, hoy le comunico a los del mundo vacío y mundano:

  • Me niego a vivir y aceptar su vida llena de idolatría, peste y ruina.
  • Me niego a poner el dinero, la fama, el poder, el reconocimiento, la apariencia y las cosas que ustedes consideran como centro de la vida. Acepto la vida del otro mundo, una vida sencilla, ligera de cargas y libre de cosas mundanas. Si por ser sencillo y libre dejan de hablarme, me hacen a un lado, me humillan o me miran por encima del hombro no importa, mi mejor amigo es Dios, el que no se avergüenza si está a mi lado; él se encargará de presentarme a sus mejores amigos para hacer su voluntad con fe de hierro.
  • Me niego a ejercer mi profesión y mis talentos para ustedes corruptos que engañan, roban y hacen daño al prójimo, especialmente a los desvalidos. Me niego a aceptar sus monedas manchadas y sucias, llenas de avaricia y de maldad.
  • Me niego a tenerlos y tolerarles en mi vida, personas que viven de la apariencia para quedar bien, para luego engañar y hacer el mal.
  • Me niego a vivir su práctica de incumplir la palabra empeñada. Solo ruina y miseria hay en ustedes.
  • Me niego a aceptarlos en mi vida. En las obras que Dios me pide hacer según su voluntad me invita a separar a los perezosos y quejumbrosos, que con argucia se hacen ver como hombres de bien y que solo buscan satisfacer sus deseos egoístas, comunes y mundanos.
  • Me niego a seguir su vida de pobreza espiritual que se refleja en resultados pobres en materia material y emocional.
  • Me niego a ser un perdedor, la rectitud y la justicia que me enseña Dios me invitan a ser ganador para repartir entre mis hermanos que no son de este mundo prosperidad y felicidad.
Mi pacto con Dios es caminar el mundo para ayudar a muchas personas con problemas eso sí es un propósito de vida; Dios es el que me acompaña, no me dejará solo en mi cometido del bien ser, bien hacer, bien estar y bien tener; del ser libre y compartir mi experiencia liberadora.
Hoy Dios hace su voluntad conmigo para llenar mi vacío para tener un propósito de vida.
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