Lo que no te enseñan en la universidad

Sí, yo tuve la fortuna de estudiar en una universidad, incluso becado gracias a una persona que creyó en mí en esa época en donde los muchachos que vivíamos en una comuna de gente sin alcurnia en la ciudad de Medellín eramos considerados sicarios, ladrones y gente al servicio del bajo mundo, llevando en nuestros hombros el reto del rechazo y la palabra no en muchas cosas que supuestamente hacen a la gente parte de “una sociedad”. A esa persona que ya no está en esta tierra y que hizo tantas cosas buenas por la gente sin esperar nada a cambio le agradezco mucho, le agradezco gran parte del descubrimiento de mi propósito.

Sobre lo que voy a escribir hoy no es sobre si la gente debería o no estudiar. Sobre lo que voy a compartir es sobre el para qué se estudia, y, si lo que se estudia, realmente sirve para enfrentar con determinación nuestros enemigos ocultos que son parte de nosotros gracias a nuestras creencias.

“Estudia para ser alguien en la vida”.

universidad en problemasEsa frase creo que así como yo, usted también la escuchó, sea de sus padres, sus vecinos, en la radio, la prensa o la televisión. Siempre nos han dicho que para ser alguien en la vida debemos tener cosas y una de ellas es educación. “Y si no tienes educación vas a tener una vida desgraciada, no podrás subir al siguiente escalón y tener reconocimiento”, esa era la cantaleta de papá y mamá… Todos nuestros problemas empiezan con el concepto del ser alguien teniendo educación, especialmente cuando a todo el mundo le educan bajo los mismos parámetros desconociendo su propósito en este espacio físico, el cual tiende de lo particular a lo global; esa educación que desconoce que cuando somos concebidos ya somos…

El burdo negocio de la educación.

Gracias a esa impronta, unos pocos aprovechando la ignorancia de muchos crearon una potente industria llamada la industria de la enseñanza, y que hoy mueve cientos de millones escondidos bajo el seno de entidades sin ánimo de lucro en todos los países; todas unas almas de la caridad las cuales argumentan que necesitamos “personas competentes para el mercado, para que puedan tener algo que se llama empleo, generar riqueza en los territorios y dinamizar el consumo de cosas en el mundo (o destruir el mundo…)”. En resumen, educación al servicio de los grandes imperios que necesitan gente con energía vital para exprimirle hasta la última gota, que solo se limiten a cumplir la tarea y llenar los bolsillos de unos pocos entregando productos al mercado para satisfacer los deseos burdos de todos.

Y para lograrlo, estas instituciones se crearon un modelo en donde las personas solo podrían ser calificadas como competentes o incompetentes, y debían sacar de sus bolsillos o endeudarse con bancos y entidades de crédito educativo para “tener tal dignidad del ser muy educados en el mundo civilizado” (otro de los grandes negocios alternos a la educación igual de monstruoso y que solo me genera asco del cual escribiré en otro momento).

Duro decir que fuimos engañados por generaciones. Muchos ya tienen una condena vitalicia al ser esclavos de la industria de la educación y las entidades que ofrecen el famoso crédito educativo, quienes, sin vergüenza alguna, idearon un futuro próspero lleno de humo a millones de personas sobre la promesa del “si estudias serás alguien en la vida”. La realidad es otra: el desempleo sube, especialmente en la población joven que no encaja con las necesidades actuales de un mundo dinámico y muy agresivo, que le importa poco el ser humano (cosa que tenemos que rechazar). Y los que tienen un empleo terminan con una vida desdichada, odian lo que hacen y no viven, superviven con resignación y la más profunda pobreza física que solo es un reflejo de la pobreza espiritual.

Entonces… ¿Para qué se estudia?

En la universidad me enseñaron de matemáticas, química, biología y física aplicada al estudio de los alimentos. Con eso aprendí a desarrollar métodos para que la comida dure más tiempo, para que la gente no se intoxique con comida contaminada por virus, bacterias y hongos o sus toxinas. Aprendí a transformar todo lo que se considere “alimento” para que la gente la vea rica y pague por ella, así no sea rica y no tenga todas las bondades que dicen mostrar en los medios. Me enseñaron a llevar protocolos de bioseguridad como el sistema HACCP en las empresas que procesan los alimentos, el mismo que se inventaron en la NASA para que los astronautas no se mueran en el espacio por una intoxicación, o que traigan cosas extrañas del espacio exterior y suframos una pandemia por un organismo no identificado en la comida…

Y para qué le sirve eso a mi país y al mundo…

  • Para tener todos los días más gente que muere sea por hambre o por exceso de nutrientes en los “paquetes brillantes de alimentos” que todos conseguimos en el mercado por parte de las empresas de alimentos.
  • Para tener gente violentada en su soberanía alimentaria que solo se resigna a consumir lo que los tratados comerciales y las empresas les impongan.
  • Para tener la tercera actividad industrial que más contamina y malgasta los recursos agua, suelo y energía, así como la quinta que más desechos plásticos genera en el mundo.
  • Para tener una de las actividades que más mano de obra emplea pero con pésimas condiciones laborales, y que abusa de millones de campesinos y productores pagando miseria por sus cosechas y animales de granja, que luego son usados para engordar a las mafias y carteles de la alimentación, que nos venden lo que comemos a precios especulativos, dinamizando así el consumo.
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Personalmente no creo que existan personas osadas y valientes en las universidades que denuncien los abusos que la industria de alimentos comete todos los días.

Ellos están más concentrados en sacar profesionales a diestra y siniestra con cartones estéticamente muy bonitos al mercado, pero con nulo sentido de la bioética y la ética profesional, para que la maquinita del dinero siga funcionando y así justificar sus cátedras brillantes basadas en cortinas de humo que solo son un engaño para muchas personas que deciden estudiar esta “carrera profesional”.

¿Para eso se estudia en una universidad?

En mi caso y el de varios de mis colegas no, y por eso decidimos ser rebeldes  con un propósito muy claro: ¡La dignidad de la gente y la soberanía alimentaria son sagradas!

Y eso lo hemos hecho por 12 años en Corporación Seiton y en nuestro código de honor.

Ojalá en la universidad la gente estudiara para lo siguiente:

  • Ponerse en los zapatos de los demás y servir sin esperar nada a cambio
  • Ganar sin la necesidad egocentrista de competir
  • Reconocer las victorias privadas y de equipo
  • Ser disciplinado
  • Cumplir lo que se promete
  • Respetar al otro así piense y diga distinto
  • Practicar la calma
  • Practicar el agradecimiento
  • Desarrollar la capacidad del compañerismo
  • Ser líder, alguien que es responsable de los retos y es capaz de decir ya basta al abuso
  • Ser transparente, honrado y humilde
  • Ser prósperos y entender el código del dinero. Los universitarios deben aprender a generar dinero desde el primer semestre
  • Ser capaz de enfrentar los miedos
  • Para ser emprendedora
  • Para saber vender y resolver los problemas por los cuales la gente pagaría

Anécdota: hace algunos días pedí a mi universidad que me enviaran un practicante de carrera o estudiante para una de las empresas de mi cliente. La respuesta del señor jefe de prácticas fue…”Señor no es posible, los estudiantes están viendo materias todavía, espere hasta enero”. Mi respuesta interior fue -Vaya,vaya, muy bien tostado le tienen el cerebro a estos pobres muchachos que ya ni les permiten ganarse la vida; primero tienen que vivir en un corral aprendiendo lo que mañana ya estará caduco…

Unos consejos si usted se encuentra en la universidad en estos momentos y se siente en un círculo vicioso.

Estos consejos me los compartió esa persona que me dio la oportunidad de estudiar en una universidad con su dinero y que siempre voy a llevar en mi ser hasta el último día de mi existencia. No olvidaré una frase que me dijo el primer día que me llamó a su oficina en el Poblado para entregarme el recibo pagado de mi primer semestre de universidad:

“Muchacho, tengo entendido que a usted le tocó agarrar el toro por los cachos desde muy niñito, tener cuero duro y aguantar muchas dificultades que un niño no se merece. Sin embargo siéntase afortunado, porque usted tiene una ventaja que muy pocos tienen y es la determinación y la persistencia. Úsela a su favor”.

Por eso le voy a recomendar lo siguiente:

  • Nunca le crea a sus profesores, todo lo que aprenda desde el primer día de clase valide en la calle. Y si le dicen que no es posible no haga caso, salga a la calle de todos modos. Sus profesores no le darán de comer una vez salga de la universidad, somos nosotros los empresarios los que lo haremos.
  • Sea colega con sus colegas, pero la gente importante se rodea con gente que piensa, dice y hace distinto a uno. De ellos se aprende lo que se debe y no se debe hacer. Por eso desde el primer día explore el zoológico que va a tener la oportunidad de conocer en la universidad, se sorprenderá que todo lo bueno no está en los salones o compañeros de carrera.
  • Ayude a la gente, así sean unos prepotentes que miran por encima del hombro por el solo hecho de tener un puesto de mando medio y que se creen dioses. Así aprenderá el arte de tratar a las personas.
  • Hágase odiar y querer al mismo tiempo. Nada mejor que alguien lo odie a uno, eso indica que somos importantes. Y nada mejor que muchos lo quieran porque de esas personas que usted ayudó solo va a recibir el doble de favores que usted les haga.
  • Si usted quiere sea un levantador de masas pero no es necesario. Solo piense en liderar una pasión personal basada en el servicio y vívala 24/7 juntando gente que entienda su pasión. El que sirve para servir nos sirve y serán los mejores amigos para hacer lo que todo el mundo se atreverá a decirle que no es posible. El que no sirve para servir pues no sirve y punto…
  • Ame los NO, el que no tolera la frustración solo vivirá en un entorno de facilidades. Entre más incómodo mejor.

Estudiar vale la pena, pero no cualquier cosa y mucho menos sin saber el para qué…

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