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Innovación desde lo humano

innovación socialHoy se concentra más dinero en la gente que no tiene maestría o doctorado que en la gente que tiene esas dignidades. Mientras en europa se piensa y en américa del norte se hace, en nuestra latinoamérica no pasa ninguna de esas dos cosas, somos románticos.

Como dice mi coach "la realidad de un país es la suma de lo que su colectivo piensa, dice y hace". Creo que podemos aplicar esas características a las empresas y gerentes de las empresas, muy especialmente los que deciden emprender en nuestra sufrida américa latina. Es claro que el sector empresarial está viviendo en el siglo XXI una catástrofe relacionada con un menor margen de maniobra para responder a las condiciones adversas y poder hacer negocios (altas tasas impositivas en materia tributaria, apertura de mercados, fraude, corrupción, cada vez menor la relación entre política y empresa), así como cambios acelerados en los hábitos de las personas que llamamos consumidores (mayores exigencias, transformación de los valores, disminución del ciclo de vida de bienes y servicios).

Ante todas estas problemáticas los empresarios están tirando anzuelos por todos lados para encontrar la tabla de la salvación. Algunos le apuestan a la productividad, haciendo las cosas mucho mejor y con eficiencia para obtener mayor valor con el menor costo posible para el consumidor. Otros le apuestan a la innovación, implantándose cómo lograr ser el primero, de manera distinta e imponer a cualquier costo cambios en la conducta y hábitos humanos buscando facilitar el consumo.

Por eso no es raro para mí ver el afán de muchas empresas para contratar una nuevo tipo de personajes que con recetas y pócimas mágicas, algunas muy técnicas, otras muy desde la onda de la nueva era, y que se hacen llamar consultores en innovación y productividad, los cuales buscan evitar a las empresas navegar por el mar de los muertos con el riesgo de un hundimiento y con las nefastas consecuencias para la economía de una ciudad o país.

Hay que hacerlo, cueste lo que cueste.

Ya no es ajeno para mí escuchar en las juntas directivas  a las cuales pertenezco planteamientos y sugerencias de esos expertos e instituciones líderes de la innovación:

  • "Muchachos, tenemos que innovar, tenemos que pensar distinto".
  • "Hay que vigilar a la competencia porque se nos adelantan".
  • "Hay que patentar primero porque después no podremos sacar el producto".
  • "Hay que sacar mínimo 30 productos nuevos cada año, de pronto en uno conseguimos la lotería".
  • "Hay que buscar la competencia, comprarla, absorver sus desarrollos y así acabamos con una posible amenaza".
  • "Esa tecnología o nueva startup vale miles de millones de dólares, así no se haya probado su fidelidad, seguridad o sea puro humo".

Aunque en la democracia la mayoría es la que gana, muy a mi pesar y mi sentir manifiesto que lo que se decide en democracia no es lo más sano, eficiente y sostenible para la especie.  Me voy a tomar el atrevimiento de opinar sobre lo que para mí debería significar la innovación y la productividad en las empresas.

No he visto en mi vida de empresario y profesional una compañía que concentre su estrategia de negocios en el tridente SER-PENSAR-HACER. Si nos ponemos a revisar se habla de bienestar pero en un sentido netamente de beneficio financiero o se hace con el afán de llegar primero. Voy a poner unos ejemplos:

Desde el año 1990 a la fecha, la industria de alimentos empezó a concentrar su estrategia de negocios en la búsqueda de nuevos ingredientes y desarrollo de nuevos productos que pudiesen entregar a sus clientes la promesa de salud y cuidado del cuerpo. También la comunicación para los inversionistas fue que desarrollando una estrategia agresiva de venta del cuidado del cuerpo y la belleza sería la nueva bonanza financiera para un sector que es plano y estable en materia de demanda y consumo.  Fue así entonces que empezaron a entrar fuertes volúmenes de inversiones en investigación y desarrollo, en marketing y muy especialmente en la entrada de capital que infló la valuación de las compañías existentes con presencia en la bolsa de valores, o la entrada de nuevas compañías dedicadas al negocio de la nutracéutica, cosmocéutica y la producción orgánica.

Sin embargo han sido muchos los descalabros en estas compañías, que al ver el alto costo de estos esfuerzos   sacaron al mercado sin consideración o ética en sus negocios bienes y servicios con publicidad falsa y con bajo nivel de seguridad para el cliente final.  Tal es el caso del famoso yogur activia y su publicidad engañosa sobre las propiedades de salud  de unas supuestas bacterias que prometían mejorarían la salud gástrica.

También es famoso el fraude con las etiquetas bio y orgánico, productos que pueden ser inflados en su precio final  hasta en un 3.500% por sus supuestos beneficios para el medio ambiente y los productores en su mayoría campesinos los cuales a duras penas superviven de sus cultivos de pan coger. Tales argumentos son promovidos por todos los medios posibles tal cual chantaje emocional para que la gente los compre. Esta investigación publicada por la Interpol y que generó un escándalo en Bélgica, Alemania, Países Bajos, Francia y España logró destapar la mayor red de estafa en la comunidad europea al encontrar alimentos comunes y silvestres con etiquetas de este tipo falsas, procedentes de  compañías productoras y comercializadoras de alimentos que evadían tanto el pago de impuestos como el aseguramiento del trabajo decente a las comunidades de productores de campesinos que supuestamente ayudaban, las cuales obligadas bajo contratos abusivos perdieron su soberanía alimentaria, sus tierras y su autonomía para producir no por el interés del comerciante sino por sus capacidades y necesidades como comunidades.

América latina va por el camino que no es. Se quieren adoptar y comprar los refritos de los monos de ojos azules que han sido un fracaso en sus países y que necesitan sacar del baúl lleno de telarañas y vetusto en la tierra prometida de américa del sur para resucitar la caja. Sin pelos en la lengua puedo decir que estamos viviendo una segunda colonización; esta vez no vienen en carabelas pero sus espejos son más sofisticados: promesas de grandes inversiones en infraestructura que permitan aprovechar al máximo el talento, mano de obra y recursos lo más que se pueda pero a precio de huevo, sin control alguno, con toda la permisividad del caso.

Considero que debemos encontrar de nuevo nuestra identidad como pueblo. No es casualidad que varios de mis amigos del extranjero una vez llegan a países de américa del sur deciden quedarse, la razón es que tenemos algo que los europeos y los norteamiericanos no tenemos: nos queda todavía un poquito de dignidad y sentido de lo humano, eso místico  que a veces es tan difícil encontrarlo en ciudades desarrolladas en donde la individualidad, la castración emocional y la productividad son primero, antes que la gente. Eso de que te reciban con un chocolate caliente con pandequeso apenas te bajas del avión, o que todas las mañanas seas recibido con un ¡buenos días, cómo estás! es muy difícil encontrarlo en ciudaes como Tokio, Nueva York, Toronto o Francia, allá eres uno más, y me atrevo a decir que no importas.

Innovación desde lo humano

No he conocido una compañía que decida apostarle a las tecnologías blandas como eje fundamental de su estrategia de negocios. Me sueño con empresas que en lugar de ofrecerme un smartphone muy bonito con miles de funcionalidades e innovaciones incrementales, que llegó a mis manos proveniente de un parque industrial por menos de USD$1, pero que me lo venden en USD$600 en una tienda envuelto en una caja muy llamativa me puedan decir "le ofrecemos la oportunidad de conectarse con otras personas que  como usted están preocupadas por cientos de personas que no tienen un plato de comida decente en sus casas".

Una de cada cien personas en américa del sur no sabe qué es ser feliz y próspero, sea rico o pobre. El problema no es por falta de cosas pues todos los días salen vainas nuevas para todos los gustos y que por lo general sirven solo para un ratico en la vida miserable de muchas personas. El verdadero problema es la falta de condiciones.

¿Me entiende?

Las matemáticas y las ciencias duras no son la respuesta a los problemas de nuestra condición y viabilidad humana. Fenómenos como falta de comida o  la gente que por comer mucho genera altas cargas en salud pública; el desempleo, la violencia, la corrupción, la falta de liderazgo, la gente que se suicida a diario gracias a una vida de mierda y sin sentido que unos pocos se han inventado, y que casi todos aceptan. La crisis de la salud pública, la contaminación del agua/suelo/aire; la inequidad que cada día crece entre los que más tienen y los que nunca han tenido; la falta de credibilidad de las instituciones que el mismo ser humano creó; el consumo excesivo de recursos y demás problemas que condicionarán nuestra existencia como especie no se van a solucionar con solo acciones basadas en la tecnocracia, la ciencia, la tecnología y la innovación que nacen desde las metodologías duras.

los esfuerzos de nuestros "lideres" han estado encaminados en enseñarle a la gente a ser científicos generando estímulos para su cerebro racional, sin embargo, nosotros nos movemos y fuimos diseñados con tal perfección para vivir en el mar de las emociones, las cuales deben leerse, estudiarse, darles un uso eficiente y productivo en modo humano. Para lograrlo necesitamos un nuevo lenguaje gerencial, uno que le apueste a tener personas talentosas, generar en su mercado destrezas y entregar valor a sus clientes pero en los siguientes campos:

  • Ser positivos
  • Ser disciplinados
  • Ser altruistas
  • Ser puntuales
  • Ser lideres
  • Ser colaborativos
  • Ser creativos
  • Ser optimistas
  • Ser apasionados
  • Ser comunicadores
  • Ser recursivos
  • Ser felices

En ninguna escuela de negocios, y mucho menos en la universidad pública de la cual egresé hace ya 12 años enseñan esto. Se preocupan más porque la gente aprenda sobre derivadas parciales, integrales, química, física, nunca a entender el para qué estamos aquí. Y si alguien decide salirse del rebaño es tratado como estúpido, anarquista, guerrillero, pobre o mediocre. Lo más grave, el lugar más importante en donde deberían aprender estas tecnologías blandas llamado familia, espacio en donde deberían existir maestros del ser. Hoy esa figura no existe como tal, y los espacios secundarios que deberían llenar ese vacío llamados escuela y colegio tampoco existe esa posibilidad.

En el pasado paro de maestros en Colombia, fue un absurdo escuchar a muchos de mis colegas de universidad que tienen hijos: conciben y han definido la escuela y el colegio no como lugares para que sus hijos sean mejores seres humanos sino como espacios para el desencarte de los críos en donde les tienen que dar cosas (comida, horas de estudio, salones y todo lo que implique tenerlos entretenidos), porque el tiempo que tienen es para trabajar, dormir y trabajar; no hay tiempo para el amor, para la escucha y mucho menos para conocer a sus hijos.

En nuestro "ecosistema emprendedor colombiano" se premia a la persona con el software más sofisticado, la startup que más palanca, labia y audiencia tenga, al empresario que más dinero haga, incluso se atreven a llamarlos "héroes de la patria".

Sin embargo, en la cotidianidad y si revisa bien, hay miles de personas sencillas que deciden vivir por fuera del show mediático de los medios y que se dedican a innovar desde lo humano:

  • Son altruistas y se van a las cárceles a dar una oportunidad a quien la sociedad por medio de la "justicia humana" condena y margina, porque según nosotros, tenemos ese derecho.
  • Son apasionados y por esa condición son capaces de llevar educación bilingüe en la Colombia olvidada, esa en donde tener profesores, una escuela e internet es un lujo (eso que promocionan ministros estrellaen todos sus eventos sociales).
  • Son optimistas, por eso le apuestan a terminar con el negocio vulgar de la educación creando la primera escuela abierta de artes y oficios, terminando así con esa sentencia casi de muerte de que la educación de calidad es para los ricos y los de la élite.
  • Son recursivos, por eso se dedican a mapear y desarrollar métodos para usar los hongos para obtener nuevas fuentes de alimentos más baratos y rentables para una población campesina atropellada y marginada.

Los que innovan en modo humano no necesitan de políticas públicas, ni de las instituciones burocráticas y mucho menos de patentar para proteger el conocimiento. Su único insumo es SER, son exitosas, felices y prósperas no porque los medios y los premios lo digan, sino porque encontraron ese para qué universal concentrado en una decisión autónoma y liberadora: SER-PENSAR-HACER, y logran que otras personas se conecten con eso simple pero poderoso, siendo su mayor recompensa y satisfacción. Estas personas me recuerdan todos los días de mi vida en este planeta lleno de emociones, injusticias, precariedad, indiferencia, como también de mucha esperanza que no somos el centro ni los más importantes, solo somos un pedacito de esta inmensidad.

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