Saltar al contenido

Causas del fracaso empresarial

"Es falta de dinero. Lo que pasa es que no hay mercado; ejecutamos mal el proyecto"

Desde las esferas del mundo empresarial y las opiniones de los gurús del empresarismo se ha venido investigando e informando sobre las causas del fracaso empresarial.

Tal vez muy preocupados porque a pesar de que cada año son cientos las empresas las que se registran en las cámaras de comercio y la tasa de mortalidad temprana sigue siendo alta.

Esto sin sumar que muchas de las empresas que se registran realmente ni llegan a operar.

Esta situación genera entonces la siguiente conclusión: para crear empresa y sostener la operación se requiere de un estudio más profundo de las causas por las cuales hay negocios exitosos, y por qué, a pesar de existir empresas en una misma actividad, el mismo entorno y con casi siempre los mismos productos unas fracasan y otras persisten.

Existen estudios muy interesantes sobre la causa del fracaso de las empresas.

Rescato uno realizado por el instituto del fracaso en Colombia, el cual informa que en el primer año sobreviven el 55% de las empresas que se crean; al tercer año solo quedan el 33%. Preocupante que a pesar de tanto dinero, bombo y platillo que sobre la cultura y fomento del ser empresario para ser alguien en la vida, el riesgo de fracasar es alto, dejando a mucha gente con más problemas de los que tenía.

El mismo estudio concluye que el 22.9% de las empresas en Colombia fracasan por los siguientes problemas

  • Insuficiente generación de ingresos
  • Incapacidad para ejecutar por falta de infraestructura
  • Problemas de acceso a financiamiento
  • Inadecuadas estrategias de mercadeo

Si en los últimos años no solo en Colombia, sino en toda América Latina se han invertido un grueso de recursos para que los emprendedores tengan acceso a mercados, fortalezcan sus capacidades instaladas, tengan productos financieros más o menos decentes y se entregan millones a consultores de mercadeo para acompañar a los empresarios en la materia, ¿por qué siguen las altas tasas de mortalidad empresarial? ¿Será que las causas del fracaso empresarial van más allá de factores meramente del entorno de los negocios?

Es aquí que como Business Coach, empresario y mentor de nuevos emprendedores entregaré mi percepción y mi opinión en función de mis fracasos empresariales, no desde el enfoque de la administración, sino desde el enfoque de las personas que deciden tener la carga del ser empresario (a), porque seré reiterativo, tener una empresa solo es para aquellas personas que les gusten los líos y los problemas, eso nunca se lo van a decir en las entidades de fomento empresarial a las cuales solo les importa que la gente haga dinero y pague impuestos con sus empresas.

Cuando el fracaso empresarial es cuestión de fortaleza espiritual y de valores.

Erróneamente muchas personas piensan que un Business Coach es alguien que tiene una varita mágica que saca de la crisis a una empresa, la verdad es que ni somos bomberos ni apagamos incendios... Otros buscan asesores para que les solucionen episodios de incompetencia en sus negocios que hacen perder mucho dinero; y para no ir por el mal camino complementan buscando un mentor al cual puedan ponerse en su hombro, llorarle y recibir mensajes de apoyo.

Yo miro el enfoque del fracaso empresarial desde un caldo de cultivo llamado oportunidades y las capacidades que tienen las personas para aprovecharlas en función de sus limitaciones, sistema de creencias, su nivel de confort, su tolerancia a la frustración, su capacidad de soñar, de agradecer, de sacrificarse y de servir. Siendo muy sincero, y en función de tantos casos que he tenido la oportunidad de tratar, son muchas las personas que son flacas tanto en espíritu como en valores para afrontar el desafío del tener una empresa. Hoy me atrevo a decir que gran parte de los problemas del fracaso empresarial no son por causas externas, sino por causas internas y de los gestores de las empresas.

La insuficiente generación de ingresos, deficiente infraestructura y  pobre mercadeo son consecuencia de la falta de disciplina para hacer que los negocios fluyan.

Asemejo esta situación con aquella persona que quiere correr una maratón y ganarla solo entrenando y preparándose el día anterior de la carrera, un completo absurdo. Eso mismo pasa en muchas personas que deciden montar su empresa pero sin los hábitos necesarios para generar los recursos que permitan sostener la operación de la misma:

El hábito de vender:

En latinoamérica nos han dicho que vender es de pobres. Si nos ponemos a revisar la fortaleza de todos los negocios es el área técnica, poco en el área comercial. Los empresarios para salir de su apuro terminan contratando a un vendedor porque ellos no saben vender, le tienen pavor a eso. Esa labor se la dejan a una persona que al final de cuentas si no se le paga más termina chantajeando a la empresa porque argumentará tarde que temprano que él con su esfuerzo sostiene la empresa; o se corre el riesgo que se lleve los clientes para montar la competencia a la vuelta de la esquina, siendo una puñalada mortal para la generación de ingresos.

El hábito de ahorrar:

En esto también se peca y mucho. Peculiarmente al empresario latino se le ha estereotipado como un amante, alguien que tiene empresa por posición social y como tal, se auto-proclama como alguien que tiene el derecho de vivir con lujos, los cuales son financiados de la empresa y de forma desmedida, a tal punto que la operación del modelo de negocio queda comprometida por falta de capital de trabajo (los recursos para conseguir materias primas, pagar empleados, garantizar el producto y servir como debe de ser a las personas). Lo correcto sería que el empresario tenga un salario en proporción a su esfuerzo por hacer eficiente, productiva y próspera su empresa, no solamente porque es el dueño. En Japón por ejemplo lo hacen así y solo se reparten utilidades después de veinte años; en latinoamérica no ha nacido la vaca y le sacan la leche de forma prematura para pagar las cuentas, pagar la universidad de los hijos, los pagadiarios etcétera...

El hábito de no endeudarse:

Como se desangra la empresa porque se usa para resolver carencias y sostener la posición social para sacar pecho, llega otro hábito bastante dañino para la sanidad financiera, como lo es el recurrir al préstamo indiscriminado para cubrir los huecos. Personalmente conozco personas con más de 20 préstamos porque la empresa no tiene para garantizar la operación, ya les dije el por qué. Muchos de esos préstamos a tasas de interés impagables  poco a poco harán que ese activo llamado empresa pase a manos de los agiotistas del mercado. La mejor lección que aprendí sobre apalancamiento la obtuve de don Arturo Calle, quien nunca recurrió a un préstamo para tener su empresa de confección y moda; en lugar de prestar recurrió a los hábitos de ahorrar y reinvertir para robustecer su infraestructura para servir con amor y respeto a sus clientes. Lamentablemente en América Latina ni ahorramos, ni invertimos (ahora ya sabe por qué hay tan poquitos inversionistas ángeles para ayudar a emprendedores).

El hábito de no robar y no engañar:

¿Cuántas empresas han sido multadas en Colombia por parte de la superintendencia de industria y comercio al no cumplir lo que prometen a sus clientes, o en el peor de los casos, por abusar de ellos?

No vayamos más lejos, el famoso cartel de los pañales, caso que involucró a dos empresas muy famosas del medio... Si la base del mercadeo es entregar valores a las personas para que sean felices al haber solucionado sus problemas ¿por qué pasa lo contrario? ¿Es problema del entorno? No lo creo, es problema de valores; porque desde casa a esos empresarios y gerentes de las empresas que muchos dicen tener de paradigma y monedita de oro no les enseñaron la importancia del servir y del dar hasta lo que no se tiene generosamente, hasta lograr la prosperidad del otro. Solo nos han enseñado que hay que "ser avispado", recoger plata sea como sea, incluso por encima de la integridad y la humanidad del otro. Esto sí que es grave, y no lo hablan en los gremios empresariales y facultades de administración de empresas en las universidades porque es tabú.

Cuántos no pagan a sus empleados lo que es justo, fomentado prácticas esclavistas; incluso, discriminatorias, porque muchos creen que productividad es tener atornillada a la gente en un puesto de trabajo sacando unidades y pensando solo en resultados, nunca en el propósito. Esos hábitos solo terminan afectando la calidad de vida de sus colaboradores y proveedores, deteriorando la infraestructura necesaria para garantizar la operación de la empresa misma.

El hábito de planificar:

Por afán de dinero se termina ejecutando lo que no se debe. El ego de los empresarios y emprendedores pesa más que el ser humildes y pensar primero qué hacer, cuándo, cómo, quién y por qué; nos encanta poder gritar a viva voz que estamos haciendo a diestra y siniestra para tener el primer millón. De todos los empresarios que tienen esa vida de locos, el 40% terminan divorciados porque solo tienen tiempo para las cuatro paredes del negocio.

Otros terminan con la salud deteriorada o con graves problemas económicos porque caminaron ciegos sin evaluar los riesgos de sus proyectos empresariales. Pensar es gratis y nunca ha pasado de moda, así las aceleradoras de empresas digan que primero es la caja registradora y prefieran planear en el camino porque primero está su ROI. ¿Realmente si tenemos personas preparadas para crear empresa?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *