¿Estamos preparados para la gestión del cambio?

Las empresas han cambiado, las reglas con respecto al trabajo, las leyes, los negocios y las reglas del mercado también han cambiado. Pensar en los grandes conglomerados industriales que pasan de generación en generación es poco probable. La seguridad de la jubilación y los beneficios laborales lo considero hoy un mito urbano. ¿Existe una adecuada cultura de la gestión del cambio?

Las reglas del juego están haciendo mella en el desempeño productivo, la autoestima y la capacidad de las personas. Culturalmente en el siglo XIX y XX, especialmente en América Latina se pensaba que para ser exitoso en una empresa o en los negocios se necesitaba dedicación, mucha inversión, el producto vanguardista y como dice un dicho colombiano “estar pendiente de la vaca a cada instante”.

Es por esta razón que la generación de los 50´s sea considerada la más próspera y generadora de riqueza, y que al menos están disfrutando de los ahorros de toda su vida en su vejez (revise las estadísticas de consumo de la población adulta mayor y la explosión de oferta de bienes y servicios para adultos mayores con dinero).

Sin embargo este pensamiento del cuidar la vaca y correr ya no es válido en el siglo XXI

Hoy vivimos en un escenario caótico en donde la información es el centro de casi todos los negocios. Ya no es necesario una infraestrutura, incluso ni siquiera son necesarias las oficinas con secretaria bonita para generar millones de dólares en facturación.

Infortunadamente como la gestión del cambio pasa de generación en generación en la cultura, le hicimos un daño terrible a las nuestros niños y jóvenes, condiciones que quiero abordar en mi columna de hoy:

Daño N° 1: Trabajar duro sinónimo de castigo

Si nota el comportamiento de los papás de la generación de los años 70 y 80 (mi generación), nos hemos preocupado en cierto grado por el bienestar de los hijos y que tengan lo que no pudimos disfrutar en nuestra juventud. Como herencia de nuestros padres de la generación de los 50, consideradas las hormigas del trabajo (por eso no es raro verlos a pesar de su vejez corriendo y en constante actividad).

Nos inculcaron los siguientes pensamientos “consigue un trabajo”, “trabaja duro” y “tienes que ser el mejor”.

Tuvimos una presión muy fuerte a nuestras espaldas, nos endeudamos mucho para tener una profesión y empezamos a generar un pensamiento sobre la conveniencia de dejar alma, vida y corazón en una empresa, a tal punto que hemos considerado que las empresas no son un medio para moldear hábitos, obtener bienestar y ser plenos, sino como un lugar donde hay señores tiranos, esclavitud y que no representa el espíritu de la libertad.

Como consideramos el trabajo un castigo en vez de una bendición cometimos el primer error con las futuras generaciones: Hagamos de su vida algo fácil, todo lo que pidan se lo debemos dar para que no armen berrinche, porque amamos a nuestros hijos y merecen lo mejor.

“Hemos cambiado el significado del trabajo, por lo tanto no es raro que hoy las empresas tengan un crisis en la búsqueda de talento. Además, el mismo estado ha generado una política populista de entregar subsidios hasta por estornudar”. ¿Causa de una inadecuada práctica de la gestión del cambio?

Daño N° 2: Tienes que seguir siendo médico, doctor o ingeniero en la economía del siglo XXI

Siempre he considerado la educación como un negocio vulgar, en donde las universidades son máquinas de hacer dinero, que se aprovecharon de  la ignorancia de nuestros padres, a quienes engañaron diciéndoles que invirtiendo en nuestra educación se tendría un mejor país.

Hoy, a pesar de tanta educación veo el mismo país atrasado, insensible, pobre, poco cooperador e improductivo, en resumen, nada ha cambiado, o mejor dicho, la gestión del cambio ha favorecido la involución de una sociedad hiper estimulada y que nada la mueve, ni siquiera la vida.

Además, como lo dije en un artículo anterior las universidades no educan sino que amaestran a las personas para que hagan algo con una profesión, no importa si es rentable o no, deben hacer algo para ser aceptados por la sociedad y mantener el sistema burocrático y corrupto que tiene secuestrado a nuestra América Latina.

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En el siglo XXI tendremos escasez de personas con competencias distintas a las consideradas competencias duras, aspecto en el cual se vanaglorian las universidades, y se llenan la boca al decir que “forman científicos e investigadores para la región”, pero, que no saben qué ponerlos a hacer, porque ni invierten en investigación y mucho menos investigan los fenómenos que deberían atenderse para sacar de la pobreza física y mental a muchas personas.

Las competencias que moverán el siglo XXI  y que no enseñan en las universidades son:

  • Ser positivos
  • Ser disciplinados
  • Ser altruistas
  • Ser puntuales
  • Ser lideres
  • Ser colaborativos
  • Ser creativos
  • Ser optimistas
  • Ser apasionados
  • Ser comunicadores
  • Ser recursivos
  • Ser felices

Es absurdo vdibujo de niñoser lo que reciben los niños y jóvenes en “educación” por parte de las escuelas y colegios. De qué les sirve saber a estos niños el color el caballo blanco de Bolivar (algo que pueden bajar de wikipedia por cierto), si nunca les han enseñado a pensar de manera colectiva cómo enfrentar los problemas sociales, ambientales y humanos que estamos padeciendo y que nos van a llevar a la extinción.

Cómo es posible que un niño siendo un genio para la pintura y lo exprese de manera natural reciba de su maestra (alguien que debe dar ejemplo), frases como “eres un mediocre”  o “debes estudiar matemáticas porque eso es lo que genera dinero y es el futuro”. Con qué derecho nos volvimos asesinos de sueños. Por eso celebro actos de rebeldía como los de esta foto.

 

 

Daño N° 3: La moda de la procastinación

Como latinos somos los reyes del conformismo, tal vez porque casi todo lo tenemos a la vuelta de la esquina (agua, alimento y refugio), condiciones básicas para que alguien pueda asentarse en algún lugar.

Como todo lo estamos recibiendo sin esfuerzo alguno, no hay necesidad de la urgencia, de hacer mejor las cosas todos los días. Por eso tenemos un desempeño económico pobre, un campo empobrecido, una educación mediocre y por consiguiente personas mediocres.

Hemos confundido la ley del menor esfuerzo con el no hacer nada, y esperar a que todo llegue a nuestras manos simplemente apretando un botón o por obra y gracia del espíritu santo. Por cierto, Dios ayuda pero no en nuestro tiempo, sino en los tiempos de ÉL…

La razón es que no estamos acostumbrados a enfrentar el miedo, pues todo lo que nos rodea lo hemos obtenido en un entorno lleno de seguridad. La gente que no es capaz de enfrentar sus miedos es presa fácil de los corruptos, clientelistas y falsos líderes, quienes usarán el poder del miedo para obtener poder.

De qué sirve hablar de innovación en un país cuando su gente no está preparada para enfrentar sus desafíos personales. La innovación duele, es costosa, requiere de osadía y nuestra América Latina, si revisamos nuestra historia, ha sido abusada, atropellada, violada y saqueada. El miedo no se ha ido, sigue latente en cada uno de nuestros corazones y somos pocos los atrevidos que hemos dicho no.

De qué sirve hablar de progreso en un territorio, si su gente no se compromete con el cambio que debe existir y que se evidencia con el hábito del aplazar los asuntos importantes para que dicho progreso no prospere. Procastinar es la moda del siglo XXI, le tenemos pánico a la gestión del cambio, y se nos olvidó asumir nuestra responsabilidad sobre lo que significa la disciplina y el amor propio.

¿Será que estamos preparados para las nuevas reglas del juego?

Siento terror cuando escucho las propuestas del estado, los gremios y los líderes cuando hablan de más innovación, más productividad, mayor flexibilización laboral, más presupuesto para mantener la burocracia, seguir premiando a los mismos de siempre y por último, y si queda tiempo, invertir en la gente. Gente que no está preparada para vivir los cambios cruciales en materia social, económica, ambiental y política que estamos enfrentando.

Ya no es posible tapar fenómenos como el subempleo, la informalidad empresarial, el contrabando, la disminución de recursos energéticos, la crisis de la salud pública, la generación de microestados en los mismos estados, la violencia incontrolable, la falta de agua.

No estamos preparados para lo importante, sino para atender urgencias, como la falta de dinero para atender un sistema económico ineficiente y corrupto que vía impuestos acapara las pocas fuentes de sustento de los que producen. En mi caso doy bienvenida la crisis, aquí la aceptamos y la aprovechamos.

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