Sobre los consultores vendedores de humo

Consultores y asesores: Dícese de aquellos personajes de mucha labia y capacidad de evangelización buscados por los gerentes y dueños de las empresas para encontrar la salvación a muchos de sus problemas y que terminan pagando por algo que ya saben…

Suele pasar que muchos consultores y asesores tratando de “hacer el bien” a las compañías para las cuales trabajan, realizan una burda comparación entre las capacidades de sus clientes con las de la competencia (ellos dicen para salirse del problema que es benchmarking). En muchas ocasiones esa comparación se hace solamente desde el ámbito de los productos, defendiendo a capa y espada que lo único que importa en una empresa es el producto y venderlo como sea para mantener el avión volando.

Ya no creo en asesores y consultores.

Personalmente he decidido no volver a buscar consultores y asesores para mis clientes o para mis negocios. Me cansé de escuchar a personas que ni siquiera se Consultor vende humotoman la delicadeza y cortesía de entender mis negocios y los de mis clientes. Me cansé de escuchar a estos personajes, que por tratar de impresionar les importa poco si me ofenden a mí o a mis clientes con recetas genéricas, como si todas las empresas fueran iguales, entregando argumentaciones con poco soporte. Con mucho cinismo llegan a decir “mire, éste producto lo hacen aquí , usted también lo puede hacer”. Eso es un total despropósito…

Por ese motivo mejor confío en la formación de mi propio equipo que al menos haga algo que todo empresario y emprendedor agradecería mucho: ¡No vender humo!

Un equipo que mínimo haga lo siguiente:

Entienda y ayude a sacarle partido a la visión de negocios de mis clientes:

De nada sirve entregar las mejores estrategias y tácticas si las cabezas del negocio no están alineadas en función de capacidades para atender y servir a las personas.

Identifique oportunidades reales de negocio:

Tampoco es de utilidad que se llegue con un discurso en el cual solo hay ideas llenas de incertidumbre y vacíos, creyendo que se tiene el negocio del millón de dólares. Lo que se busca es que se analice la situación actual del cliente, con qué compite, contra quién, cómo lo hace, y con un por qué muy claro, para poder apoyar con mayor certeza en el análisis y toma de decisiones. Si lo que se tiene en frente es una oportunidad real o simplemente un ejercicio de exploración y aventura en donde solo se perderá dinero…

Apoye en la construcción de una identidad de alto valor para los clientes de mis clientes:

Cuando los dueños de una empresa y sus empleados no saben el para qué se levantan temprano, le meten toda su energía a una serie de tareas y el para qué cierran a la media noche en muchas ocasiones con sentimiento de insatisfacción, resulta que cualquier cosa que se implemente sirve, así sea mediocre.

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Si se tiene una motivación muy clara del para qué se trabaja, se comunica y se vive esa motivación, nadie verá sus responsabilidades de ayudar y servir a las personas que nos hacen el favor de mantener el avión volando como una carga, sino como un hábito que hace que todos se sientan plenos y con un propósito.

Voy a poner un ejemplo:

Yo no vendo snacks, lo que yo hago es sacarle el espíritu a las frutas y verduras para generar una explosión de sabores, colores, aromas, texturas y estética que sean amados por usted en materia sensorial y beneplácito físico.

Lo primero solo dice aspectos primarios de poca significación, lo segundo muestra valores de alta significación y curiosidad, algo que genera mayor caja.

Construye modelos de negocio en función del riesgo que se puedan asumir:

Cuando hay identidad y las personas la aceptan como parte de sus hábitos, entienden perfectamente que deben asegurar una operación eficiente, creativa, rentable y con los menores dolores de cabeza posibles. Los mejores modelos de negocio son los más simples, los que menos riesgo tienen, los que saben aprovechar al máximo las capacidades actuales de una empresa, generan altos márgenes y cuentan con las suficientes barreras, armas y dientes para evitar que la competencia imite a lo fácil…

Eso implica un ejercicio juicioso del entorno presente y viviente de la empresa que quiere bajar la ansiedad al desarrollar nuevos negocios, pero, en función de su contexto y capacidades, porque siendo muy realistas, es muy bueno soñar; pero, si lo que se sueña implica clavarse el cuchillo no valdría la pena para mí.

Hace que mis clientes sean exploradores pero perdiendo barato y ganando mucho:

Los irresponsables dirán “monta una nueva unidad de negocio, una empresa o saca éste producto”.

Muchos lo hacen sin revisar primero qué tan efectivas, eficientes y limpias serán las entradas y salidas de recursos (personas, procesos, dinero, relaciones). En mí caso no quiero que mis clientes sean parte de las trágicas estadísticas relacionadas con los fracasos de las compañías que solo pensaron en productos y negocios sin revisar las capacidades reales para detectar y aprovechar oportunidades de mercado reales.

Adiós consultores y asesores, no quiero humo en mis negocios y mis clientes no los necesitan.

  • Nadie debería venir con ideas, porque las ideas son gratuitas y todo el mundo las tiene.
  • Tampoco deberían pensar en productos, porque a nadie le importan los productos sino en los trabajos que quieren solucionar las personas, y cómo diablos volvemos eso en algo que sea de interés.


Nadie debería contratar consultores y asesores que solo nos dicen lo que ya sabemos y queremos escuchar. Se debería contratar a una persona que haga muy buenas preguntas, respire el sudor del cliente y entregue herramientas que permitan a los que integran una compañía hacer con un propósito y con felicidad, sin sentir cargas y como si vivieran en vacaciones…

A una persona con esas características le puedes llamar Business Coach

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